Y esas promesas rotas, en el fondo, cada palabra se pierde en el eco, entonces estas finalmente mueren, puedo verlo...

jueves, 8 de noviembre de 2012


Se encuentra sentado en la banca de una plaza un hombre de avanzada edad con una Biblia en la mano. Relata con aires fervorosos la palabra de Dios a la gente que lo rodea. Este muy convencido de su sapiencia aboca su intención a explicar a sus receptores lo que les sucederá si desobedecen lo que el señor tiene preparado para sus vidas. Este emisario eclesiástico siente que tiene la misión de trasmitirles información a estas personas descarriadas para que en un futuro, hagan lo mismo con su descendencia.  Defendía con cuerpo y alma que estos relatos con aires míticos eran puramente verdaderos y debían ser temidos y acatados por todos al pie de la letra. Les hacia creer a fanáticos que solamente con la fe se podría salvar al alma de no ir al infierno.
A su lado, se acerca un escritor culto de mediana edad que al escuchar a este dogmático, se acerca para contradecir sus argumentos. Este, con bocetos de una crónica sin terminar en su mano proclama ser un ciudadano de grandes conocimientos en política. Explica a vivía voz que lo único que deben obedece son las leyes impuestas a la sociedad. Asegura que los relatos de este hombre son solo simples mitos que no pueden ser comprobados científicamente. Intenta convencer a las personas que se rijan solo por la verdad.
La claridad de las palabras de este escritor hicieron que las personas pusieran toda su atención y se cuestionaban cual de ellas era la verdad. El anciano al ver que la gente perdía interés en sus predicas, se alejó del lugar con gestos de impotencia en su rostro. Al ver la reacción de las personas que lo rodeaban, el escritor ponía cada vez mas énfasis en su discurso y a su vez, veía como mas y mas personas se acercaban a escucharlo. Narraba argumentos que hablaban de utopías, sistemas e innovaciones en la sociedad.
De la gran masa de personas ya acumuladas en el lugar, un joven se acercó hasta donde el escritor se encontraba. Este saco de su bolsillo un innovador aparato llamado celular y mirando al escritor con seriedad exclamó que no era necesario hacer tanto alboroto en la vía pública para comunicarse o transmitir conocimientos ya que gracias a la tecnología cada uno en forma individual podía informarse de noticias, innovaciones y las nuevas tendencias del mercado. Con cara de asombro, el escritor miró al joven y dejó que este siguiera expresándose. Este muchacho, a pesar de ser de temprana edad, estaba muy bien informado gracias a los medios televisivos, a los cuales él creía sin reproche.
Siguiendo con su relato, habló índices de costo de vida, retenciones a las importaciones y expuso una alta de desempleo en la población. Además, comentó los últimos chismes de la farándula que habrían ocurrido recientemente. Todo esto gracias a la nueva tecnología de mercado. Finalizó diciendo que esta información esta al alcance de cualquiera y que a su vez todos podrían ser fuentes de información.
La masa de personas comenzó a dispersarse quedando solo el escritor y el joven en el lugar.
Pasados unos segundos de silencio, el escritor le pregunto al joven por su “sedular”. El joven rió y metió su mano en el bolsillo. Le pidió al escritor que sonría y le tomó una fotografía.