Y esas promesas rotas, en el fondo, cada palabra se pierde en el eco, entonces estas finalmente mueren, puedo verlo...

lunes, 24 de septiembre de 2012


Entregarse. Entregarse es abrazar el todo. Hacerse fluir por su existencia y complementar en su sólida y uniforme eternidad.
Las formas de lograrlo todavía no tienen su propio paradigma. Estas varían desde la cotidianeidad de un beso a lo místico de un abrazo. Al llorar, las lágrimas recorren una mejilla y tal frialdad entrega el cuerpo a la adversidad de la tristeza, de la emoción intensa. Al estrechar nuestros brazos alrededor del cuerpo de un ser querido, su calor vacila y vibra en nuestros poros alcanzando el espesor de la alegría, la sensación mas placentera. Lo explicito de la intimidad, la armonía del enamoramiento se adentran y se entregan entrelazándose a los vínculos de amistad y familiaridad.
Nuestra mente se entrega a nuestros pensamientos y nos lleva a experimentar los más intensos sentidos de nuestros recuerdos y fantasías. ¿Por qué pensar en entregarse nos lleva a idear una conexión? La respuesta es el hábito. Entregarse es mucho más que una simple conexión. Es una comunicación en la que emitimos un mensaje estimulo esperando una respuesta intrínseca de un receptor desconocido por nuestros sentidos. Es más que desvanecer dos estructuras esenciales para formar una tercera. Entregarse es ser, y el ser se entrega a la existencia para ser modificado por la realidad hasta abandonar su estado nulo y formar lo que habitualmente conocemos. Los sentimientos, nosotros.