Entregarse.
Entregarse es abrazar el todo. Hacerse fluir por su existencia y complementar
en su sólida y uniforme eternidad.
Las
formas de lograrlo todavía no tienen su propio paradigma. Estas varían desde la
cotidianeidad de un beso a lo místico de un abrazo. Al llorar, las lágrimas
recorren una mejilla y tal frialdad entrega el cuerpo a la adversidad de la
tristeza, de la emoción intensa. Al estrechar nuestros brazos alrededor del
cuerpo de un ser querido, su calor vacila y vibra en nuestros poros alcanzando
el espesor de la alegría, la sensación mas placentera. Lo explicito de la intimidad,
la armonía del enamoramiento se adentran y se entregan entrelazándose a los vínculos
de amistad y familiaridad.
Nuestra
mente se entrega a nuestros pensamientos y nos lleva a experimentar los más
intensos sentidos de nuestros recuerdos y fantasías. ¿Por qué pensar en
entregarse nos lleva a idear una conexión? La respuesta es el hábito.
Entregarse es mucho más que una simple conexión. Es una comunicación en la que
emitimos un mensaje estimulo esperando una respuesta intrínseca de un receptor
desconocido por nuestros sentidos. Es más que desvanecer dos estructuras esenciales
para formar una tercera. Entregarse es ser, y el ser se entrega a la existencia
para ser modificado por la realidad hasta abandonar su estado nulo y formar lo
que habitualmente conocemos. Los sentimientos, nosotros.
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